El vino es mucho más que una simple bebida. Es una fusión de arte, ciencia y tradición. A menudo cuando se habla de vino se menciona la variedad, la crianza, las denominaciones de origen, pero existen otros componentes que pasan desapercibidos. En esta ocasión queremos hablar de los sulfitos en el vino: un compuesto químico presente en muchos otros alimentos.

¿Qué son los sulfitos?

Los sulfitos son compuestos que contienen azufre. Son aditivos comunes en la industria vinícola, pero también en la industria alimentaria en general. Se utilizan durante la vinificación para prevenir la oxidación, controlar las bacterias y levaduras no deseadas, así como para estabilizar el vino. No obstante, además de en el vino, los puedes encontrar en zumos, mermeladas, productos de bollería, vinagres…

¿Cómo intervienen los sulfitos en el vino?

Durante la elaboración del vino, los sulfitos se agregan al mosto para inhibir la acción de microorganismos no deseados y prevenir la oxidación prematura. Este proceso asegura que el vino mantenga su frescura y características organolépticas. Además, se emplean en la conservación del vino, ya que actúan como un agente antimicrobiano, evitando el crecimiento de bacterias y levaduras que podrían alterar el sabor y la calidad del vino.

Los sulfitos también desempeñan un papel importante como estabilizadores en el vino. Contribuyen a mantener su integridad estructural y a prevenir cambios no deseados durante el almacenamiento y embotellado.

Las funciones que ejercen los sulfitos en el vino

  • Antioxidante: Los sulfitos son poderosos antioxidantes. Evitan la oxidación del vino al protegerlo de los efectos dañinos del oxígeno, lo que a su vez ayuda a preservar el color, el aroma y el sabor del vino.
  • Antimicrobiano: Su capacidad para inhibir el crecimiento de microorganismos no deseados en el vino es fundamental. Al controlar las bacterias y levaduras, los sulfitos contribuyen a mantener la estabilidad microbiológica del vino, prolongando su vida útil.
  • Estabilizador: Los sulfitos desempeñan un papel crucial en la estabilización del vino. Ayudan a evitar la formación de sedimentos no deseados, así como posibles reacciones químicas que podrían afectar la calidad del vino a lo largo del tiempo.

En muchos países, las regulaciones requieren que las etiquetas de vino indiquen la presencia de sulfitos si superan ciertos niveles, con el fin de informar a los consumidores y ayudar a aquellos que son sensibles a estos compuestos a tomar decisiones informadas al comprar vino.

 

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